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Tommy Rivers: "Los atletas de resistencia pierden el 99% de su energía emocional en cosas que marcarán el 1% en carrera"

Tommy Rivers en su

 

No es un corredor de trail, aunque sí entrena en la montaña. No es un corredor famoso, pero la historia que tiene detrás sí debería serlo. Amante del trail y de las montañas, contactamos con este sensacional atleta para que nos hable de su peculiar vida y de su genial filosofía de correr y entrenar.

Tommy Rivers, tras vencer en Hapalua. Foto: Tommy Rivers (Fb)Tommy Rivers, tras vencer en Hapalua. Foto: Tommy Rivers (Fb)Tommy Rivers no es un corredor famoso en nuestro país, pero sí un gran corredor: ha ganado competiciones como la North Shore Marathon, The Hapalua –La media maratón de Hawaii–, La maratón de Sedona, Mt. Hood 50 miler, Bootlegger 25k, Great Aloha Run, y Cow Town Marathon. También obtuvo un tercer puesto en los Campeonatos del mundo de Xterra Trail Running y ostenta unas espectaculares marcas en Ironman 70.3 de 04:39:05 y 09:38:18 en Ironman. Tampoco es un corredor de trail, aunque sí entrena en la montaña. ¿Cuál es entonces el motivo de esta entrevista? Su impresionante historia y su filosofía de vida. El propio Tommy Rivers, corredor de Altra, nos la cuenta.

Corredor de Montaña: Tommy, ¡eres nadador, ciclista y corredor! Corres en carretera, pero también fuera de ella, ¿verdad?

Tommy Rivers: Me ha encantado correr desde que era un niño. Recuerdo mi primera experiencia en la escuela. Tenía 7 años y nuestra maestra quería que la clase corriera una milla (1,6 km) sobre un circuito que había montado en el césped. Corrí tan rápido como pude, ¡desde el mismo momento en que nos dio la salida! Era un día frío, y no llevaba chaqueta. Sentía mucho frío en los brazos y mi cuerpo gritaba de dolor, ¡pero no era capaz de parar ya! Cuanto más dolía, más empujaba hacia delante. Al cruzar la meta, quería seguir corriendo, a pesar que la maestra me parara. Me informó de que había realizado un tiempo de 6' 20”. Para mi primera milla no estaba mal. ¡Claro, que no tenía idea lo que significaba eso en aquel momento!

Le pregunté si podía seguir, y me dijo que no. Me quedé parado entonces, con las manos encima de la cabeza, como me indicó, para recuperar el aliento. Tampoco entendía a qué se refería con “recuperar el aliento”, pero de todas formas seguí sus indicaciones y, mientras, esperaba a que terminaran los demás compañeros de clase.

Recuerdo perfectamente cómo sentía el latido fuerte de mi corazón, debajo de la camiseta. Miraba hacia abajo y, en efecto, era capaz de ver cómo se movía. Al preguntar a la maestra por la sensación de quemazón que sentía en el pecho, “¿qué sensación?” me preguntaba, le llevé su mano a mi costilla para que ella también sintiera lo mismo que yo, “¡aquí!" le respondí, “parece que mi cuerpo está ardiendo”, le confirmé. Me miraba con cara de susto y afirmó. “Ten cuidado con eso, seguramente has corrido demasiado rápido, ¡tienes que aprender a controlar tu ritmo!”.  Ni idea, yo solo era capaz de mirar como trabajan mis pulmones, subiendo arriba y abajo y mi corazón, ¡que no paraba nunca! Al final, levanté la vista, y al comprobar en sus ojos un cierto grado de preocupación, le afirmé “esa sensación de quemazón... ¡Me encanta!”


CdM: ¡Te gustó desde el primer momento entonces! ¿Cómo sigue tu historia?

Tommy Rivers: Seguía corriendo. Parecía la cosa más natural. Crecí en el estado de Oregon, donde Steve Prefontaine, el olímpico estadounidense, especialista en carreras de fondo y medio fondo, se había criado, con su imagen de entrega y darlo todo. Cuando tenía unos 12 años, ya decoraba mi habitación con sus fotos. ¡Era una leyenda entonces! Leía historias sobre él, analizaba sus grabaciones antiguas de carreras, vamos, ¡le idolatraba!

Nike lanzaba en aquel momento un programa, en un intento de “descubrir” los nuevos promesas de carreras de larga distancia, con el eslogan  “Where is the next Pre?”("¿Dónde está el próximo Steve Prefontaine?") ¡Parecía una profecía! Yo estaba convencido que esta campaña iba dirigida a mí, así que, dispuesto a demostrar lo que valía, hice todo lo que había hecho Prefontaine cuando tenía mi edad. Pre se levantaba y corría antes de ir al instituto, ¡yo también! Durante todo el invierno, me levantaba antes del amanecer y corría por los caminos de las granjas de mi pueblo. ¡Yo me veía ganando carreras, batiendo récords y participando en las Olimpiadas! Después del instituto, otra vez a correr. Solo era cuestión de tiempo, pensaba. Estaba muy enfocado y hambriento por el éxito.


CdM: ¿Y qué paso al final? ¿Conseguiste tus metas?

Tommy Rivers: Seguí entrenando a tope para convertir mis sueños en realidad. Pero, la falta de madurez y experiencia hicieron que sobreentrenara y me lesionara. Creía que estaba destinado al éxito. Estaba convencido que iba a ganar todas mis carreras, ¡aunque eso significara competir contra gente como Galen Rupp! Resulta que la profecía al final era sobre él.


CdM: Me imagino las frustraciones que resultaron de tu falta de experiencia hicieron que te maduraras, ¿verdad? Cuéntanos qué pasó a partir de entonces.

Tommy Rivers: Fui a estudiar a Hawaii y empecé a descubrir una pasión por la montaña y el mar. ¡No era buen estudiante! Por las mañana, salía a correr por la montaña e iba recogiendo toda la fruta que pudiera: mango, fruta de la pasión y guavaba. Comía mitad y la otra la guardaba para el resto del día en mis manos y bolsillos. Por la tarde, salía al mar a pescar con arpón... ¡Para conseguir mi cena! Si era capaz de pescar algo, lo cenaría con arroz. Si no, ¡solo arroz!

Lo cierto es que notaba una sensación extraña en mis salidas largas a la montaña, era como si volviera a un lugar conocido que había dejado hace ya mucho tiempo. Era familiar, me hacia sentir muy bien, lleno de vida, aclaraba mis pensamientos y dejaba que respirara hondo mi alma. El volumen de entrenamiento que era necesario para conseguir el éxito a un nivel competitivo alto al final me llevó a lesionarme. Mi cuerpo no aguantaba el ritmo. Cada vez que me lesionaba, cogía la bicicleta y me iba durante horas sobre ruedas, tratando de superar mi frustración y decepción por lo que me pasaba. Cuanto más me lesionaba, más tiempo dedicaba al ciclismo. Con el tiempo,  empecé a disfrutar hacer ciclismo y terminaba participando en algunas salidas en grupo, donde me di cuenta que no lo hacia mal del todo. Así que empecé a dedicar más tiempo a la bici y competir con la misma ferocidad que me era habitual en la carrera a pie. De hecho, ¡mis primeros patrocinadores eran para el ciclismo y no la carrera a pie! Siempre volvía a correr cuando pudiera, pero al final me di cuenta que el equilibrio físico se encontraba en combinar las dos disciplinas. Con el paso de tiempo, también empecé a nadar, para así evitar el riesgo de lesiones, pero conseguir el volumen de carga aeróbica necesaria.


CdM: De manera que una cosa te llevaba a la siguiente, ¿verdad? Cuéntanos sobre tu experiencia en costa Rica.

Tommy Rivers: Al año de casarnos, mi mujer, Steph, recibió una confirmación para participar en un curso master en la Universidad para La Paz en Costa Rica, que se centra en estudios de conflictos. Esa misma semana que recibió la notificación, también supimos que íbamos a ser padres. En ese momento yo estudiaba también y tenía una beca de atletismo. Decidimos que esta oportunidad para que ella estudiara temas de conflictos y medios no se presentaría de nuevo, y la verdad es que era su pasión, así que decidimos seguir adelante y nos mudamos de Hawaii a Costa Rica. Cuando nació nuestra hija me quedé en casa a cuidarle mientras Steph ibas a clase.


CdM: ¿Qué hacía el padre en casa? ¡Aparte de ejercer de padrazo!

Tommy Rivers: Cuando no estaba en casa con nuestra hija, me pasaba el tiempo corriendo por la montaña, ¡por trails en la jungla! Me fascinaba la belleza y diversidad de la vida allí. En muy poco tiempo, conocí la comunidad de corredores de Costa Rica, que era súper organizada, y me dediqué a viajar por el país para competir en carreras de ruta y de montaña. En las disciplinas sobre asfalto, me defendía bien, era competitivo, y aguantaba bien contra cualquiera del país, pero en las carreras de montaña, llamada allí “campo traviesa”, me destrozaban. ¡No era nadie!

Me llamaba la atención. ¿Cómo era que me sacaran tanta ventaja? Sabía que los demás no entrenaban más que yo, ¡ya que no hacía otra cosa que entrenar! Así que empecé a investigar sobre lo que hacía que estos corredores tuvieran tan buen rendimiento en la montaña.

Yo estudiaba, entre otras cosas, antropología, así que miraba la carrera por montaña a través de un enfoque antropológico. Empecé a analizar todo y escribir sobre ello. Había una carrera en concreto, la Carrera Internacional de Chirripó, que es como si fuera la maratón de Boston, en términos de popularidad, por esas tierras. ¡Era la única carrera que realmente importaba! Se trata de una prueba de 20 millas donde se sube y se baja a la montaña más alta del país. En aquel país no se habla de nada más. ¡Yo entrené durante 6 meses para participar en ella!

El recorrido de la Carrera de Chirripó, en vídeo.


CdM: ¿Tras tanta preparación, qué pensabas que serías capaz de conseguir en la carrera?

Tommy Rivers: Pensaba que podría competir con los mejores del país y así retratar la experiencia desde cabeza de carrera. Llegó el día de la carrera en el hermoso pueblecito de San Gerardo de Rivas. Me alineaba junto a otros muchos atletas, aunque era fácil reconocerme, ya que era el único “gringo”, y además ya me habían dado el apodo de “Barba Roja”.

Se oyó un disparo y ya estábamos en marcha. Me junté con los corredores que iban en cabeza mientras recorrimos las calles de tierra del pueblo, y seguidamente un giro y cuesta arriba por una senda serpentina. Enseguida, empecé a notar los efectos de correr con velocidad en altitud, ¡y no aguanté un kilómetro! Los corredores de cabeza se me alejaron aparentemente sin ningún esfuerzo, por el camino. Yo, por mi parte, ya estaba en modo de supervivencia a pesar de que acababa de empezar la prueba. Acabé cuatro horas más tarde, en el puesto 24, unos 45' detrás del corredor ganador. Yo estaba destrozado, ¡no sabía si renunciar esta disciplina o ponerme a entrenar como nunca! Llevaba toda la vida entrenando y seis meses preparándome para esta carrera y ni siquiera me acerqué a la victoria.


CdM: ¿Cómo fue posible? ¿Cómo te sentiste al respecto?

Tommy Rivers: Cambié rápidamente de papel de corredor a antropólogo. Armado con un lápiz y un pequeño bloc de papel, caminé alrededor de la meta, persiguiendo a todo el que me había vencido. Les pregunté acerca de su dieta, su estilo de vida, su estrategia de carrera. Cuando por fin les pregunté acerca de su entrenamiento la mayoría de ellos me miraron con desconcierto. "¿Entrenamiento? No entrenamos". Dijeron. Pensé que no debían haber entendido. "Entrenamiento", repetí, seguro de que mi español era correcto. "¿Cómo entrenáis?". Le pregunté de nuevo. "No entrenamos". Esta vez era yo el que estaba confundido. En una combinación de confusión y frustración pensé: "Si no entrenáis, explicaros. Todo lo que hago yo es entrenar. ¿Cómo es que me acabas de sacar 45 minutos en una carrera de 20 millas cuando no entrenas? ". Por supuesto no dije esto. Les pregunté: "Si no entrenáis, ¿cómo corréis tan rápido?" Cada uno de ellos respondieron a su manera, diciendo: "No tenemos tiempo para entrenar. Tenemos un montón de trabajo por hacer ". En mi siguiente pregunta estaba la respuesta, "¿De qué trabajáis?", Le pregunté a cada uno de los corredores. "Soy portero" uno respondió. "¿Portero?", Pensé. "¿Qué es un portero?", Le pregunté. Repitió "Por-te-ro", poco a poco esta vez, un poco más fuerte y con más enunciación, como si tal vez entonces lo entendería. "Subimos la montaña todas las noches", señalando con la cabeza hacia la montaña que me había destruido. "Llevamos cada día el equipaje y pertenencias de los turistas que van a subir la montaña para cuando lleguen a la cima. Una vez hemos dejado su equipo, nosotros bajamos corriendo. "¿Nosotros?", le pregunté. "Todos nosotros". Él respondió, señalando a la mayoría de los hombres en la zona de meta que me acaban de fulminar. "¿Subís la montaña todas las noches?", Pensé para mí mismo en la incredulidad. "¿Y después, qué?", les pregunté. "Después trabajamos, por supuesto". Respondió. "¿Trabajáis?", como si subir casi 2000 m de desnivel positivo y más de 10 millas con el equipaje de otras personas y luego correr hacia abajo antes de las 8 am no fuese trabajo suficiente. "Café" respondió, haciendo un gesto con la cabeza hacia las fincas de café que se elevaban las montañas abruptamente adosadas a nuestro alrededor. "Café", respondí más para mí que para cualquier otra persona. "Entonces usted trabaja en el café. Por supuesto".


"No podía entender cómo alguien preferiría un trabajo de oficina si esto era una opción"


CdM: Me he quedado sin palabras... Como imagino que te quedaste tu en su momento.

Tommy Rivers: Cuando me fui de San Gerardo, no podía pensar en otra cosa. Mi mujer terminó clases a principios de primavera. Después de convencerla un poco, los dos y nuestra hija nos trasladamos a la pequeña aldea de San Gerardo. Pasé el primer par de semanas yendo de casa en casa a ofrecer mis servicios para lo que necesitaran. Trabajé en las granjas y en los jardines. No pasó mucho tiempo para que me familiarizara con los residentes –sólo había unos doscientos–. Por las noches, con nuestra pequeña familia, andábamos hasta el centro de la ciudad para ver partidos de fútbol. Los domingos por la mañana íbamos a misa. Pronto me había hecho amigo de muchos de los porteros que me habían destruido cuando corrimos montaña arriba y abajo unos meses antes. Cuando el pueblo y los porteros vieron que sólo tenía buenas intenciones, me recibieron en el cerrado grupo de porteadores y empecé a ayudar a subir el equipaje de los turistas cada noche y luego volvíamos corriendo mientras el sol salía.


CdM: Suena como una experiencia vital única...

Tommy Rivers: El tiempo en esas montañas, acompañado por muchos hombres sabios fuertes, tuvo un efecto duradero y profundo en mí. Empezábamos a andar a las 2:00 am, la mayoría en silencio durante el primer par de horas, con la luz de la luna. Los porteros eran fuertes y ágiles en sus movimientos. Su andar era rápido y el ritmo constante. Durante el viaje hablábamos y bromeábamos. Yo ya tenía suficiente trabajo centrándome en la respiración. Mis pulmones, piernas y espalda me quemaban mientras subíamos por encima de 3600m. Podía escuchar mi corazón latiendo, que sonaba como un tambor en mis oídos. Era una tortura, pero me encantó cada agonizante minuto de ello. Los porteros no podían entender por qué alguien haría esto voluntariamente. Yo no podía entender cómo alguien preferiría un trabajo de oficina si esto era una opción. Empecé a estar y ser más fuerte, pero mis piernas me dolían casi siempre. Le pregunté a uno de los porteros más grandes si las piernas dejaban de doler algún día. Pensó un momento, y luego sabiamente respondió con sinceridad: "Sí, con el tiempo dejan de doler. Por lo general, después de un año más o menos".


CdM: ¿Por cuánto tiempo fuiste un portero?

Tommy Rivers: Lo fui todo el verano. Sabía que iba a necesitar reanudar mi papel como líder de nuestro equipo de campo a través de vuelta a la universidad en pocas semanas, pero durante esos meses en la montaña, había dejado ningún tipo de entrenamiento planificado. Todo lo que hice fue portar. Estaba delgado y fuerte, aunque mis piernas y espalda estaban mucho más musculadas. No sabía cómo todo ello afectaría a mi correr. El día antes de irnos de San Gerardo, hice una prueba haciendo el mismo recorrido exacto de la carrera que había hecho hacía unos meses. Era una persona diferente. La montaña me había cambiado. Subí y bajé la montaña que ahora me conocía tan bien. Cuando crucé la línea de meta miré el reloj. Había rebajado mi tiempo 30 minutos. Había reemplazado mi entrenamiento específico por una vida que consistía en sólo portar arriba y abajo de la montaña todas las noches. La experiencia cambió mi punto de vista sobre lo que se consideraba "fitness" y sobre cómo llegar a ser imbatible en las montañas. Lo más importante que me enseñó fue el hecho de amar y respetar ese espacio.

A pesar de que Rivers entrena en montaña, es en el asfalto donde acostumbra a competir. Foto: AltraA pesar de que Rivers entrena en montaña, es en el asfalto donde acostumbra a competir. Foto: Altra

CdM: ¿De que manera te ha afectado esta experiencia en tu entrenamiento?

Tommy Rivers: Lo más importante que aprendí fue que no hay una sola manera correcta de hacer las cosas. La fuerza que conseguí en las montañas se desarrolló como consecuencia de portar, no por seguir un programa de entrenamiento específico. Los porteros con los que trabajé nunca consideran su trabajo como un entrenamiento. Otra parte importante tuvo que ver con el hecho de que su vida cotidiana, aunque era físicamente agotadora, no parecía ser emocionalmente agotadora. Ellos no cuestionan si iban a trabajar o no. Era sólo parte de su vida. No evaluaban la manera de hacerlo. Simplemente lo hacían. Disfrutaban de la camaradería que existía entre ellos, y estaban agradecidos de tener la oportunidad de trabajar para mantener a sus familias.

He tratado de aplicar estos mismos conceptos a mi entrenamiento y mi vida en general. En lugar de pensar cuantitativamente, creo en la oportunidad de que tengo de jugar en el bosque, o subir una montaña. No miro el reloj, solo subo hasta la cima y luego disfruto de la vista y la satisfacción que esto me aporta. Trato de evitar situaciones de entrenamiento que agotan mi energía emocional. Trabajo duro, pero no le doy muchas vueltas si el entrenamiento no ha ido perfecto. Soy flexible al adaptar mi entrenamiento para que esto funcione. Si tengo un entreno duro planeado y me despierto y hace viento frío y llueve, y tengo la sensación de que el hecho de salir por la puerta y completar el entrenamiento me va a quitar mucha energía emocional, no lo hago. Esto no quiere decir que me salte el entrenamiento, sino que lo hago otro día cuando las circunstancias me permitan que disfrute de una experiencia agradable y positiva. Cuando llegue el momento de competir, no habrá cambiado nada en un sentido u otro. Los atletas de resistencia tienden a complicar el proceso demasiado. Por lo general pierden el 99% de su energía emocional en cosas que marcarán el 1% la diferencia el día de la carrera. No es tan complicado. Dedica tiempo. Entrena duro. Sé inteligente planeando. Descansa frecuentemente. Come bien. Disfruta del proceso. Compite cuando estés listo y luego... ¡Lucha "a muerte"!


CdM: Pensamientos y consejos muy interesantes. ¿Qué significan las montañas para ti, Tommy?

Tommy Rivers:  En las montañas me se siento como en casa. Es donde encuentro consuelo. Henry David Thoreau dijo: "Me parece que en el momento en el que mis piernas comenzaron a moverse, mis pensamientos comenzaron a fluir". No sé cuál es la conexión, pero a medida que comienzas a moverte, se abre tu mente. Eres capaz de ver el mundo desde diferentes perspectivas y se dan visiones fugaces en diferentes dominios de la realidad. Te das cuenta de que hay una unidad, una conexión entre el mundo humano y la naturaleza. Te das cuenta de que no eres un visitante en un lugar desconocido, sino que estás en casa. Eres parte de ello, y él es parte de ti. Es sagrado. Anatoli Boukreev dijo: "Las montañas no son estadios donde satisfacer mi ambición de lograr, son las catedrales donde practico mi religión".

Cuando entras en la soledad de las montañas, las distracciones del mundo moderno parecen desaparecer. El caos de tu propia vida se organiza, y parece que hay limpieza y renovación. En las montañas, aunque es donde a menudo estoy haciendo enormes esfuerzos, nunca lo siento como trabajo. Nunca pienso "voy a correr 300 minutos". En vez de esto pienso, "tengo cinco horas para ir a jugar". No es una tarea. Empiezo fácil, disfrutando de lo que está a mi alrededor. Si me siento como para correr más rápido lo hago. Si no tengo ganas de correr más rápido, no lo hago. No lo cuantifico. No miro el reloj, o el pulsómetro, o el GPS. Solo corro. Si tengo ganas de parar, paro. Si tengo hambre, como. Si encuentro algo hermoso, me detengo y miro. Se aprende lecciones sobre la vida, sobre la cosmología, sobre el universo y nuestro papel en él. Aprendes rápido que el dolor y el sufrimiento es el precio a pagar para la satisfacción y alegría. Es la ley de la cosecha,  se cosecha lo que se siembra. Te dan ganas de vivir en armonía con todo lo que te rodea. Me hace querer ser más amable, más compasivo, más generoso, más tolerante...


CdM: Entrenas mucho en las montañas, pero básicamente compites en asfalto...

Tommy Rivers: En el asfalto es donde intento ganarme la vida, pero en las montañas es donde vive mi corazón y mi alma. En otras palabras, el asfalto es donde trabajo, pero en las montañas es donde voy a descansar.


CdM: ¿Cómo te ves en 20 años?

Tommy Rivers: No va a cambiar mucho. Voy a pasar menos tiempo trabajando en el asfalto, y más tiempo descansando en las montañas con mi familia. Mi bella esposa y yo tenemos dos hijas pequeñas. Probablemente vamos a tener un par más entonces. Voy a seguir siendo entrenador. Me encanta ayudar a la gente a superar sus retos y alcanzar sus metas. Quiero ayudar a otros a aprender a amarlo. En una pared en casa tengo las palabras de José Martí. Me hacen pensar en el proceso. "Todo es hermoso y constante, todo es música y razón, y todo, como el diamante, Antes que luz es carbón". El camino es duro a veces, pero también está lleno de felicidad y alegría. Es necesario un equilibrio. El tener éxito requiere trabajar duro. Hay dolor. Hace calor. Hay presión. Pero si estás dispuesto a trabajar, y permitir que tu cuerpo y mente se adapten y progresen poco a poco y de manera consistente, te transformarás en algo nuevo, algo grande, algo poderoso, algo hermoso.