A continuación la crónica del protagonista, Luis Alberto Hernando..

Tal como publicábamos en CdM el pasado jueves el día 3 de Febrero (respetando la diferencia horaria entre Argentina y España), el actual Campeón de la Copa del Mundo de carreras por montaña, Luis Alberto Hernando, partía hacía la cumbre del Aconcagua, en su particular reto de conseguir batir el récord que en el año 2007 consiguió Jorge Egocheaga, dejándolo en 14h 05’ 54’’.. y en palabras del protagonista, esto es lo que ocurrió:
“Desde la salida en Horcones a las 5:00 el ritmo y los tiempos de paso eran los previstos y las sensaciones también. En 50’ llego a Confluencia cogiendo un camelback y en poco menos de 3h estaba en Mulas 4300mts donde había preparado un avituallamiento y cambio de ropa y calzado. Hasta aquí me encontré bastante bien pero ahora empezaba lo parte dura. Hasta ahora lo había hecho corriendo casi todo excepto la “cuesta brava” 250 m+ bastante empinados que los ascendí andando. Después de avituallar, y ya con bastones seguí para arriba andando, pero con ritmo sostenido y con buenas sensaciones. Fui ganando altura rápidamente ya que este tramo tiene bastante pendiente, llegando a Nido de Condores (5400) a las 9:30 aprox. Allí también tenía algo de avituallamiento y ropa que Sergio había dejado por la mañana. Seguí con determinación y confianza, convencido de que iba bien de ritmo y tiempo, para hacer la cumbre y bajar a Horcones de regreso con garantías.
En menos de una hora pase por Berlín y en poco más por cólera (5970mts).Desde aquí empecé a sentir sensaciones algo extrañas que no había experimentado nunca, pero seguí sin que me preocupara en exceso. Entorno a los 6200mts sin darme cuenta estaba perdiendo algo de coordinación y equilibrio y la sensación de fatiga no era como las de una carrera convencional. Poco antes de Independencia (6400mts), donde me esperaba Sergio, empecé a no sentirme tan bien. Llevaba 6h 15´ y ambos decidimos descansar 15 minutos, avituallar y ponerme las botas y los crampones. También tomamos la decisión de no usar el Gran Acarreo en la bajada. O mejor dicho, la tomó Sergio que lo había reconocido y sabía que con la costra era delicado bajar, tan inseguro como me vio no dudó en decirme que bajara por la normal.

Algo recuperado ya, y aún con un tiempo aceptable, empecé la travesía, donde más sopla el viento y más frío hace, aunque tuve suerte y fue mejor de la previsión que nos había dado la meteo. El ritmo decayó poco a poco, sin que yo fuera muy consciente. Así llegue a la Cueva del Guanaco (6660) donde las fuerzas me seguían abandonando, aquí protegido ya del viento empecé a subir la Canaleta, el último tramo bastante empinado que lleva hasta la cima, con nieve muy pisada y algo de hielo. Volví a sentir falta de coordinación y una fatiga muy extra que no me dejaba controlar el ritmo, era como el de un ochomilista. Teniendo que parar cada pocos pasos incluso más lento que el día 25 de Enero cuando hicimos cima sin ninguna prisa. Estaba totalmente agotado y para ganar pocos metros necesitaba mucho tiempo, cayéndome prácticamente a cada paso sin poderme sujetar ni con los bastones, sin coordinación ni equilibrio.
Uno de los guías que iba con sus clientes, me dijo sin conocerme que no merecía la pena, que el Cerro “como dicen acá" seguiría el próximo año en el mismo lugar, seguí extenuado ya viendo a la gente en la cima. Volví a sentarme, iba tan despacio que el grupo del guía (Claudio) me alcanzo y me dijo que no me veía bien y me recomendó bajar, después de 30 o 40 min de pensar intentar avanzar aunque fuera un poco, volví a caerme, pero intenté seguir. El mismo guía que estaba muy pendiente me dijo: “de aquí ya no pasas, baja” (cosa que ahora en frío le agradezco mucho…).
Volví a sentarme, y dentro de mi extenuado cerebro y con una ausencia importante de oxigeno ( a más o menos 6850mts) terminé de ver la necesidad de bajar. Entre tanto Sergio en lugar de esperarme al final del gran acarreo como habíamos planeado bajo a Nido para coger avituallamiento y volver a subir a mi encuentro. Cuando él estaba subiendo por Berlín, un guarda parque le dijo que me había dado la vuelta y que no iba demasiado bien.
Descendí a un ritmo mucho menor que en el ascenso, para llegar a Independencia, creo que tardé que por lo menos 2 horas. Poco después me encontró Sergio, no era capaz de comer ni beber, aunque él me insistía y yo sabía que era imprescindible para recuperar algo de fuerza. Después de un descanso de 20’ continuamos con el descenso. La bajada fue un poco angustiosa y deprimente, consciente de que no había conseguido el record y ni tan siquiera la cima a la que tuve al alcance de la mano.

Poco a poco llegamos a Cólera y parecía que empezaba a recuperar (5970mts).A partir de aquí conseguimos bajar a un paso normal, lento pero coordinado. Ya había recuperado el equilibrio y la confianza, antes o después estaríamos cenando en Mulas. Llegamos a Nido (5400mts), la patrulla de rescate nos puso un té caliente pero les surgió una emergencia en la Cueva del Guanaco y salieron rápidamente.
Sergio recogió el material que utilice en todo el recorrido y nos pusimos otra vez en marcha para continuar con el interminable descenso. Lo que tardamos 50´ (con mochila) los días de aclimatación se convirtieron en más o menos, 2h30’…
Sobre las 21:15 horas, llegamos por fin a Mulas. Reconocimiento médico que nos esperaba (todo OK), y una cena potente, con alguna risa pero contrariados y con mucha pena de cómo había salido todo, y luego, nos metimos en el saco.
Ya sacaremos las conclusiones y los errores cometidos cuando podamos ser mas objetivos. Seguro que en un par de días analizaremos y os contaremos..”.
Texto: Luis Alberto Hernando/Monrasin
Imágenes: Monrasin



